La influencia japonesa en el post-impresionismo

Con el S.XIX llega el fin del colonialismo europeo, la revolución Industrial y la modernización de las ciudades. Los impresionistas protagonizan este cambio de reglas, instalándose algunos de ellos en el postimpresionismo, término que se sigue usando en relación con la pintura de los años 80 y 90 del S.XIX.

En 1910, el artista y crítico Roger Frey organiza una exposición en las galerías Grafton de Londres titulada «Manet and the post-impressionists». En ella se exponen obras de Cézanne, Gauguin, Van Gogh, Manet, Matisse, Seurat y Toulouse Lautrec, entre otros. Es en esta exposición cuando aparece por primera vez el termino «post-impresionista». Fry piensa que «El arte es una expresión y un estímulo a la vida imaginaria más que una copia de la vida real».

La cultura japonesa se da a conocer a través de las Exposiciones Universales en la segunda mitad del siglo XIX cuando Japón firma acuerdos comerciales con Estados Unidos y Europa, convirtiéndose Paris en el centro del «japonismo«. Entre sus variadas técnicas destacan dos: el sumi-e (pinturas tradicionales de tinta) y el ukiyo-e, que se traduce como «pinturas del mundo flotante» y son imágenes grabadas en planchas de madera (xilografía) con raíces en el S. XVI.

Entre los artistas japoneses más famosos del ukiyo-e se encuentran Hokusai, Hiroshige y Utamaro. «La Gran ola de Kanagawa» (1830-1833) es la obra más famosa y representativa del arte japonés, muy admirada por los impresionistas. Es un grabado de (25x37cm) enmarcado por una gran ola en forma de espiral, mostrando en el centro el monte Fuji.

En cuanto a la influencia del «japonismo» en nuestros impresionistas…

Para Van Gogh, «La gran ola» fue fuente de inspiración en su Noche estrellada (1886) y se inspira en el ukiyo-e para «Almendro en Flor» de 1890. Su pasión por lo japonés le llevó a comprar 660 grabados sobre madera. «Después de un tiempo tu visión cambia, y comienzas a ver con un ojo más japonés, sientes los colores de forma distinta…» (carta de Vincent a su hermano Theo)

En la obra de Matisse, la inspiración se traduce en la fuerza del color, contraviniendo todas las reglas de la perspectiva. Las cualidades «flotantes» de los tejidos chinos y japoneses lo impresionaron. Esto se tradujo no solo en su pintura, sino también en las artes aplicadas.

En la obra de Toulouse Lautrec, se aprecia una clara influencia nipona, que plasma en sus carteles a través de líneas gruesas y colores planos. Toulouse, impulsó la litografía e inventó el cartelismo, especialidad que aglutina el principio del modernismo de unir arte y vida cotidiana.

A pesar de no pertenecer al «club» de los post impresionistas, Claude Monet acusa una gran influencia de Japón en su obra. La serie sobre nenúfares ocupó a Claude Monet durante tres décadas hasta su muerte en 1926, a los 86 años, y consiste en unas 250 imágenes tanto del jardín como del estanque de la casa del pintor en Giverny. «Mi jardín es mi más bella obra de arte» Claude Monet.

El japonismo influyó en los movimientos artísticos de todas las vanguardias en especial en el Art Decó de finales del siglo XIX y principios del XX. Sus claves son: la ausencia de perspectiva, la luz carente de sombra, las áreas planas de colores vibrantes, la naturalidad en las escenas de la vida social y sobre todo ausencia del detalle, dando prioridad a la composición.

Publicado por adela

Pensé en el blog, como plataforma para mostrar mis trabajos y de paso hacer un repaso por algunos temas relacionados con la pintura y los pintores. Estoy aprendiendo mucho mientras busco y selecciono información. También me sirve de acicate para seguir dibujando. Es como mirarse en un espejo, a veces cuesta reconocerse... y eso te impulsa a tratar de mejorar.

Deja una respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.